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La lluvia.

Posted in Libros, Palabras., Tall Stories with tags , , , , on junio 12, 2009 by toxicwords

Una gota de agua cayó sobre una lámina de metal allá lejos, en el jardín. No tuve que abrir los ojos para adivinar que iba a llover, suspiré y me acomodé en el sofá, quería seguir durmiendo un poco más… Inmediatamente, el plop de las gotas comenzó una descompuesta melodía y pude sentir en el rostro la brisa que  se filtraba fresca por la ventana abierta, me volví para evitar las pequeñas gotas que rebotaban en el marco. La mortecina luz crepuscular inundaba la recámara de forma agradable y reconfortante, se había creado una atmósfera muy particular, una imagen propia del silencio, esa imagen que evoca indiscutiblemente a  la soledad. 

Inconcientemente, volví  suspirar… De pronto sentí frío.

El cielo se desgarró con un relámpago y el trueno acentuó su dramatismo, tuve un sobresalto e instintivamente miré hacía la ventana. No me bastarán las palabras para describir lo que observe: Afuera, lo que caía no dejaba de ser una ligera e insignificante llovizna de junio, sin embargo, sobre las nubes un aro de luz verdosa parpadeaba intermitentemente y de manera caótica, era como si un rayo eléctrico hubiese tomado dicha forma. El aro se expandía constantemente dejando escapar un relámpago de manera aleatoria que no supe a bien, si llegaban a tierra, y  cada que lo hacía, un conmovedor estruéndo le acompañaba.

La imagen de lo que sucedía en  el cielo me tenía paralizado, pero hubo otra imagen que me perturbo aún más;  del centro del aro comenzó a descender un objeto, tenía una forma circular, hosca como una roca, emitía un sonido parecido al siseo de un motor eléctrico. Descendió en medio de la lluvia y se detuvo a unos metros antes de tocar la barda del jardín, una compuerta se abrió del objeto  y de ella dos sombras bajaron indiferentes a la lluvia. Eran de la misma consistencia que las leyendas urbanas nos han mostrado a los fantásmas, seres etéreos que alcanzaban a mostrar la curiosa forma humana, seres de otro planeta  que parecían estár hechos de humo.

Notaron mi presencia de inmediato, uno de ellos se acercó hasta mi ventana y pude distinguir como se llevaba el índice al sitio donde hipotéticamente debería tener los labios, como pidiéndo que guardara silencio. El objeto suspendido en el aire destellaba luces frías, rastreaban cada metro del jardín. En un instante, las luces apuntaron a un lugar en específico. Las sombras se desplazaron hasta ese lugar escudriñando un punto en el centro del jardín, justo debajo de un viejo árbol. Las luces cambiaron de color a un verde intenso, como los rayos del aro luminoso en el cielo. Entonces hubo otro estruendo, ésta vez producto del franco ataque en contra de nuestra tierra, nuestro planeta.

Me tiré al suelo con las manos tapándome los oídos, y aún así pude escuchar otros dos truenos que me pusieron los nervios de punta. No puedo decir con presición el tiempo que permanecí ahí escondido con mi miedo, pero en cuanto el golpeteo de la lluvia recuperó su monótona melodía, me aferré al valor que me quedaba y con sigílo me asomé por encima del marco de la ventana. Pude ver que el objeto seguía flotando con sus luces frías, de la compuerta brotaban lo que parecía ser una especie de tentáculos biomecánicos que removían la tierra justo debajo del árbol, donde los ataques habían caído. Observé como los entes ascendían y se adentraban en el objeto que volaba a la par que los tentáculos desenterraban un extraño objeto cuya existencia desconocía, parecía ser una cápsula negra, del mismo material que la nave. De la cápsula colgaban singulares pìezas metálicas, una especie de antenas rígidas, y del otro lado, asomaba un largo tubo del cual escapaba un humo rojizo. Aquello era un arma proveniente de otro mundo.

La nave ascendió junto con la cápsula, subió hasta el circulo de luz y poco a poco fue desapareciendo hasta esfumarse en un fugaz rayo que desgarró por última vez el cielo. La lluvia continuó hasta muy entrada la noche, y en todo ese tiempo no dejé de mirar por la ventana y reflexionar sobre lo vivído; aquellos seres remolcaban ese objeto fuera de nuestro mundo, ¿por qué? ¿quiénes eran? Quizá aliados cuya misión era la de proteger nuestra soberanía mundial, quizá vigilantes del cielo en busca de anomalías en el universo, ó, quizá, seres que decidieron darnos una última oportunidad antes de invadir nuestro subvaluado hogar…

No lo sé. A fin de cuentas, supongo que moriré sin conocer la respuesta… Tal vez en algún otro lugar del mundo alguien tampoco puede dejar de mirar al cielo en busca de una explicación.

L.M.

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